Cancer de Cuello de Útero - Virus del Papiloma Humano


ASOCIACIÓN CONTRA EL CÁNCER DE CUELLO DE ÚTERO DE ESPAÑA

Lola 29 años

Lola 29 años

Soltera de 29 años, cuando se inició en sus relaciones sexuales, a los 20 años, optó por hacer caso a su novio de aquél entonces y una amiga le facilitó los anticonceptivos sin consultar a un ginecólogo. Y así fué tirando unos años.

Pero, a los 27 años y cuando iniciaba su segunda relación, como veía que podría llegar a algo más, decidió visitar a un médico y controlarse. “Tengo que ser responsable” pensó.

En la exploración, que me pareció duraba una eternidad, el ginecólogo con mucha paciencia, vió una pequeña lesión, como una heridita en el cuello del útero por lo que me tomó una muestra más profunda para el Papanicolau. El examen salió normal, pero él no se convenció y me tomó otra muestra, y ésta sí salió positiva, por lo que me mandó directamente al Servicio de Onco Ginecología en el Hospital de Belvitge”.

Allí, una tercera citología confirmó que en su cuello habían células anormales intraepiteliales. Y procedieron a realizarla una colposcopia donde se pudo detectar que la lesión premaligna estaba focalizada en el exterior del cuello y no en el canal interior.

El informe diagnóstico decía que se Clasificaba de LIE II, realizándose un  “cono leep”, es decir, se extrajo el tejido afectado sin tener que cortar un pedazo del cuello como ocurre con la conización profunda. “Me explicaron que el hecho de que yo todavía no tengo hijos y quiero tenerlos, era la razón de no haber optado por la conización.  Hoy me hago controles seriados, con Citología al principio cada tres meses durante el primer año y ahora, cada seis”, cuenta.

Pensé que no iba a tener hijos, que la lesión se me iba a ir al útero. Ahora que las cosas me iban bien con mi novio. Lloré mucho, me deprimí. Me hundí absolutamente, caí en un hoyo, me cuestionaba por qué me había pasado a mí. Fué como si hubiera ido por la vida sin pensar y sin mirar y de repente, me pusieran una muralla con un cartel HASTA AQUÍ HAS LLEGADO”, recuerda.

"Y me repetía una y otra vez, ¿cómo me pudo pasar a mí?. Sólo había tenido un novio. Y aunque me decían que la mayoría de chicos mas tarde o más temprano adquirían el Virus del Papiloma Humano, que llevaban en sus vesículas donde guardan el semen, mala suerte que me hubiera contagiado a mí. Creía que con la píldora antioconceptiva estaba a salvo”.

Hoy, Lola ya no se fía y se lo dice con orgullo a sus amigas, bueno y a  todo el que puede, “hacerse la Citología una vez al año porque podreis detectar cualquier anormalidad”. Por mucho que le tranquilicen, Lola sabe cada vez que llega la fecha de la Citología, que puede haber un nuevo susto “el día de antes no lo paso nada bien”.

De vez en cuando, cuando trata el tema niños con su novio Alejandro, planea la sombra de si podrá o no tener hijos....y también, pero todavía más preocupante, ¿esos niños saldran bien?

Lo que más la tranquiliza no sólo es la opinión de su ginecólogo, sino la comprensión de Alejandro y la de su madre. “La naturaleza es sabia, hija, te ha dado un aviso, sólo tienes que dejarla que siga su curso, me dice”. Sí, sí, pero yo la acompaño, con mis controles anuales, mamá. Le contesto yo.

Una buena cosa, fué que “todas mis amigas desde lo que me ocurrió, han revisado desde la toma de la píldora, hasta sus citas con el Ginecólogo

Qué pena que los hombres no se puedan vacunar tambíén y acabaríamos así con ésta enfermedad de transmisión sexual, que mata anualmente a más de setecientas mujeres: una pude haber sido yo


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