Cancer de Cuello de Útero - Virus del Papiloma Humano


ASOCIACIÓN CONTRA EL CÁNCER DE CUELLO DE ÚTERO DE ESPAÑA

Almudena 38 años

Almudena 38 años

Les contamos el caso de Almudena, de 38 años, casada y con tres hijos, que a pesar de ser Trabajadora Sanitaria,  con un ritmo de vida y presión acumulada por la casa y otros temas personales, su vida tenía que explotar en un momento dado y así ocurrió.

El hecho de andar todo el día entre enfermedades no le animaba mucho y era muy incostante en sus exámenes ginecológicos rutinarios aunque al final se los hacía. Tuvo gemelos a los 35 años y cuando éstos tenían apenas 9 meses, hizo su examen de rutina y la citología le dió postiva: algo no estaba bien.

Le volvieron a hacer la prueba, que salió negativa, pero aquello por si las moscas se repitió y lo peor se confirmó: había células alteradas.

Me dijeron que no me preocupara porque ello no significaba que tuviera cáncer… y me puse a llorar, no paraba de llorar”, nos dice.

Su angustia tenía varias razones. No sólo estaba toda la tensión retenida que le pasaba factura, si no que sin aún tener un diagnóstico definitivo, comenzó a intranquilizarse por la suerte que correrían sus hijos pequeños, su marido, si a ella le pasaba algo. “Fué como si se me viniera el mundo encima”. Tan grave que tuvo que recurrir a un psicólogo. Y luego a un psiquiatra cuando le apareció la depresión.

A todo ésto, le hicieron una colposcopia, que confirmó la presencia de una lesión premaligna severa (LIE III) en el cuello del útero cuya única posibilidad de tratamiento era una conización.

Mi ginecólogo me explicó que lo que tenía no era de gravedad, pero que si no te operabas, la situación podía agravarse. En ese momento todo era salvable", dice hoy más relajada.

Por personalidad, no dudó un minuto en someterse al procedimiento quirúrgico  un cono profundo en el cuello del útero, a la entrada, porque  ya tenía tres hijos y desde luego no tenía intención de volver a quedarse embarazada.

Después de éste palo, que son como avisos,decidí tomarme la vida con otra filosofía”, afirma.

Ahora Almudena ve lo ocurrido con el paso del tiempo, con otros ojos: “No es tan terrible si te das cuenta y estás pendiente, porque el cuerpo si no te avisa, tú tienes que recordarle, que cuida de él, ya que las lesiones premalignas tienen tratamiento y casi en un 95% con éxito. Pero ¿y si no me llego a enterar?" Dijo.

Su experiencia sirvió para alertar a sus amigas, más cuando el examen citológico, el PAP, es un control preventivo sencillo que puede marcar la diferencia entre ser o no una mujer atrapada por el cáncer. “El PAP es una gran garantía”, insiste.

Hoy, se controla semestralmente, de forma que Almudena ya no vive con ése temor: “No es que ande pensando todo el día en que tengo o tuve esto. La enfermedad existió y no lo olvidé; no, tuve que hacer todo un trabajo emocional, físico, mental y por eso, creo que ya lo tengo resuelto”, sostiene.
Aunque no deja sus controles...nunca más.


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