Cancer de Cuello de Útero - Virus del Papiloma Humano


ASOCIACIÓN CONTRA EL CÁNCER DE CUELLO DE ÚTERO DE ESPAÑA

General

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Introducción

Este tipo de cáncer, ha despertado un gran interés desde hace mucho tiempo, ya a fines del siglo XIX se describieron cánceres superficiales que eran asintomáticos durante largo tiempo.

Todo parece que empezó en la ciudad italiana de Verona en 1842, de la mano del profesor Domenico Rigoni-Stern que detectó una curiosa diferencia entre las monjas y las mujeres casadas de la localidad. Las monjas tenían mayores tasas de cáncer de mama y las casadas padecían con más frecuencia el de cuello de útero.

Siglo y medio más tarde, y después de una larga historia de descabelladas creencias y arriesgadas teorías, la lucha contra este tumor ha culminado por fin con el desarrollo de una vacuna capaz de prevenir su causa: la infección por el virus del papiloma.

No andaba lejos de la verdad el pionero italiano cuando se atrevió a aventurar la posibilidad de que el cáncer de cérvix tuviese algo que ver con las relaciones sexuales que mantenían las casadas y no las novicias. Estas últimas, dijo, eran víctimas a su vez de los apretados corsés que vestían debajo del hábito y a los que él culpaba de los tumores mamarios. En eso sí se equivocó.

Pero la teoría de Rigoni tuvo aún que esperar varias décadas hasta que la comunidad científica pudo determinar con certeza que detrás de este cáncer ginecológico había un virus de transmisión sexual: el papilomavirus humano. Hasta ese momento, los investigadores apuntaron a causas tan dispares como el herpes virus, la circuncisión y la suciedad acumulada en el prepucio, el bajo consumo de sal a través de los productos del cerdo que protegería a las mujeres judías, o incluso a un castigo divino contra la promiscuidad sexual.

A comienzos del siglo XX se comunicó la presencia de áreas de carcinoma superficial carcinomatoso, sin embargo el término mas aceptado fue el de carcinoma in situ propuesto por Rubia y descrito en 1910 aunque erróneamente se atribuye a Broders, de ahí que se pensaba que el cáncer no aparece espontáneamente, este tenía una historia natural por lo que había que estudiarlo detalladamente.

Es Hinselmann a quien se le encarga dicho estudio y para hacerlo necesitaba un aparato de aumento y es como inventa el colposcopio en el año de 1925. Con su ayuda estudió el cérvix, distinguiendo dos tipos de lesiones premalignas: con atípicas simple y con atípica elevada.

En 1930, otro curioso hecho llamó la atención del doctor Richard Shope, de la Universidad de Rockefeller (EEUU). En una visita al campo con un amigo cazador, Shope oyó hablar por primera vez de las liebres con cuernos (jackalope, en inglés), una rareza que le puso sobre la pista de la relación de este cáncer con un virus.

Las astas que adornaban la cabeza de algunas liebres eran en realidad enormes verrugas causadas por un virus, tal y como pudo comprobar Shope después de molerlas, filtrarlas en una vajilla de porcelana y obtener minúsculas partículas con las que infectó a otros ejemplares sanos. Estas liebres sanas también desarrollaron la protuberancia en su cabeza tras el contagio y el experimento apuntaló la teoría vírica. Una idea que no volvió a retomar con éxito otro investigador hasta la década de los setenta.

Mientras tanto, y coincidiendo con la creación del Estado de Israel en la década de los cincuenta, los epidemiólogos se preguntaban porqué entre las mujeres judías había menos casos de cáncer de cuello de útero que entre las féminas de otras religiones. Y aunque al principio se pensó que la circuncisión de sus maridos lograba protegerlas, pronto se desechó la idea al comprobar que entre las musulmanas, con maridos igualmente circuncidados, las tasas de cáncer eran mucho más elevadas.

El factor religioso volvió a aparecer en esta historia de palos de ciego cuando se apuntó la posibilidad de que la abstinencia sexual durante la menstruación protegiese a las mujeres ortodoxas de este cáncer. Como ocurrió en el caso de las judías, poco a poco, el cerco de las sospechas sobre los posibles factores de riesgo fue cerrándose en torno a la pobreza y a la existencia de múltiples compañeros de cama.

Posteriormente las lesiones premalignas han recibido muchas denominaciones como epitelio con atípica simple, elevada atípica no cancerosa, epitelio anormal, hiperplasia de células basales y anaplastia, hiperplasia de células espinosas y anaplastia.

En 1961, en el primer congreso internacional sobre citología exfoliativa celebrado en Viena, un grupo de expertos propuso el empleo de los términos displasia y carcinoma in situ, que pronto desplazaron a los demás.

El cáncer del cervix tiene una historia propia que se inicia con la lesión intraepitelial escamosa de bajo grado, pasa por las de alto grado posteriormente llega al cáncer micro invasor y al invasor propiamente dicho y por último la muerte.

Esta historia natural tiene un tiempo de evolución en términos generales de entre 10 y 15 años, tiempo suficiente que tenemos para modificar su evolución natural en las lesiones intraepirteliales escamosas de bajo y alto grado y con ello evitar un cáncer invasor y la muerte de las mujeres con este padecimiento.

La incidencia mundial de cáncer cervical ocupa el segundo lugar entre los tumores malignos de la mujer, después del cáncer de mama. Cada año se diagnostican en el mundo alrededor de 437 000 casos de cáncer cervical y la mitad de ellas mueren en conjunto el cáncer de cervix constituye 11.6% de la totalidad de los casos de cáncer de cervix y endometrio.

La incidencia de este padecimiento varía entre 2.6 a 54.6 en las distintas zonas del mundo. Las tasas mas elevadas se hayan en América Central y del Sur, sureste de Asia, Africa y este de Europa con tasas de hasta 54.6 en Trujillo Perú 47.1 en Asunción Paraguay y 42.2 en Cali Colombia, las tasas mas bajas se encuentran en el sur de Europa, Israel, Kuwait, Australia y América del Norte, con tasas de 4.0 en Israel, 4.4% en Finlandia, 5.4 en China, 6.6 en Países bajos.


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